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Obtener la huella dactilar de un suelo criando bacterias ‘autóctonas’

Posted on 14, Abr, 2015 by | 0 comments

elmundo


Afincada en la facultad de Veterinaria de la UCM, la empresa Natural Biotec emplea las lecturas del ADN y ARN de estos microorganismos en técnicas de biorremediación

 

 

Con un tamaño más de 400 veces inferior al de un grano de arroz, las bacterias constituyen la materia prima con la que trabaja Natural Biotec. Esta spin off de base tecnológica fundada por Carlos Garbi y Gerardo Mengs, doctores en ciencias biológicas y veterinaria, emplea estos pequeños organismos unicelulares para diversas tareas que comprenden el estudio del impacto medioambiental de los seres humanos sobre un determinado terreno o ecosistema, el tratamiento y valorización de residuos o la descontaminación de terrenos.

La actividad de Natural Biotec consiste en la aplicación de técnicas de genética molecular en bacterias para la protección del medio ambiente. «Mediante el estudio del código genético de las bacterias, podemos conocer si estos organismos están saludables, o por el contrario si las actividades humanas están incidiendo de forma negativa en ellas», explica Garbi.

«Con estos métodos podemos saber desde si una tubería metálica se va a oxidar o no, hasta conocer el estado de salud de un suelo de cara a un cultivo ecológico. Nosotros analizamos el ADN y el ARN de los microorganismos, de forma que podemos saber de forma inequívoca, su implicación en múltiples procesos ambientales y, de este modo, obtenemos el equivalente a lo que sería la huella dactilar del suelo», añade.

«Las multinacionalessuelen usar bacterias foráneas, nosotros criamos las del territorio»

«Por ejemplo, si queremos saber si un determinado suelo es rico o pobre en nitrógeno de cara a su explotación para un determinado cultivo, lo que hacemos es estudiar las propias bacterias y su ADN como indicador», comenta Mengs. «Se trata de una técnica que sólo tenemos nosotros y que hemos desarrollado en nuestro grupo de investigación», añade.

Una metodología que opta por estudiar a estos moradores del entorno (las bacterias) en vez de la propia composición química del terreno, como habitualmente se viene realizando.

«También podemos emplear esta misma técnica para otros supuestos como saber si un terreno ha resultado dañado por el empleo de pesticidas buscando a las bacterias que se encargan de su degradación y, a partir de ellas, conocer el estado en el que se encuentran los cultivos y sustratos», afirma Mengs.

Su otro ámbito de actividad más destacado pasa por emplear las bacterias para los procesos de descontaminación. «Pueden utilizarse en suelos agrícolas, ganaderos, industriales, petrolíferos y urbanos», explica Garbi.

«La tecnología con la que contamos se basa en el aprovechamiento de microorganismos autóctonos, que existen en el suelo, y que tienen la capacidad de eliminar contaminantes específicos», añade.

«Estudiando a las bacterias sabemos si un suelo está dañado o si es bueno para el cultivo»

«Normalmente», precisa Mengs, «esta técnica la emplean grandes multinacionales para la recuperación de territorios dañados. El problema, es que toman bacterias foráneas que se parezcan a las locales, las colocan en la zona, y eso no deja de ser la introducción de un agente foráneo. En cambio, nosotros empleamos bacterias que ya existen dicho territorio, las criamos y las liberamos de nuevo en su ecosistema para fomentar la recuperación del terreno de forma natural».

Con una escueta plantilla fija formada por Garbi y Mengs, el número de trabajadores de esta empresa varía según los proyectos. «Para los más grandes hemos llegado a tener hasta nueve empleados trabajando», explica Garbi. «Nuestros colaboradores suelen proceder del ámbito universitario, de los centros públicos de investigación, de empresas privadas, y de centros tecnológicos», indica. «Además», prosigue, «también trabajamos estrechamente con bufetes de abogados en temas relacionados con la asesoría medioambiental, laboral y mercantil en lo referente a propiedad intelectual e industrial».

Procedentes ellos mismos del ámbito de la academia, los fundadores cuentan con laboratorios en la Facultad de Veterinaria de la Complutense de Madrid dónde compatibilizan y retroalimentan su actividad empresarial con la publicación en revistas científicas y la asistencia y organización de ponencias y congresos. Una labor que hace que todos sus métodos se encuentren patentados bajo titularidad de la empresa, o de forma compartida con su grupo de investigación de la Complutense.

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