Las Rutas de Delibes
Las Rutas de Delibes I: Las perdices del domingo (1981)
Las perdices del domingo es un libro de caza, autobiográfico, de los que escribió Miguel Delibes. Por poco conocido, no hay que pensar que es un libro más. El escritor cuenta en menos de 200 páginas, sus cazatas dominicales entre agosto del 74 y febrero del 78.
Domingo tras domingo, en otoño y en invierno, el cazador sale al campo en pos de las perdices, unos días con suerte y otros sin ella, pero, en todo caso, las perdices disminuyen en la percha y en el campo, con lo que no descarto que estas páginas, al correr de los años – tampoco demasiados – puedan ser la constatación de un proceso devastador en virtud del cual , Castilla se fue despoblando de pájaros, como siglos atrás se despobló de bosques. El tiempo hablará y no tardando. De momento, aquí queda, como un documento fehaciente y nostálgico, este diario puntual donde he ido consignando pacientemente, a lo largo de cuatro años, mis inefables aventuras dominicales
Son años intensos para Delibes: muere su mujer en el 74, Francisco Franco en el 75, su hijo Adolfo caza su primera perdiz, el escritor tiene algunos contactos con la caza mayor… En este libro se da la peor apertura de temporada que había tenido Delibes en su vida y, a la vez, pisa el mejor cazadero que había conocido nunca. Practica otros tipos de caza, como la del pato en laguna o las avutardas.
La ruta que se presenta a continuación consta de cinco pueblos por la provincia de Valladolid: Olmedo, Tordesillas, Villanueva de Duero, Villanubla y Villafuerte de Esgueva. Delibes los nombra en este libro como lugares de paso hacia otras regiones y provincias de España, como cazaderos habituales, como excusa para hablar de la climatología, para evocar su juventud… En ellos vuelve a descubrir la naturaleza, come con los amigos, ve ampliada la cuadrilla con algún hijo cazador, obtiene perchas exiguas, disfruta del campo.
Las Rutas de Delibes II: Diario de un cazador (1955)
Después le seguirán Diario de un emigrante y Diario de un jubilado, con el mismo protagonista los tres: Lorenzo, que es (en palabras del escritor) su yo rebajado. Este joven bedel de instituto, lleva una vida corriente en Valladolid entre semana y sale de caza por la provincia los domingos.
En este libro se mezclan pueblos reales (como los de la ruta) con otros más o menos inventados; paisajes que se pueden seguir pateando en nuestro siglo XXI junto a personajes de ficción sacados quizá de viejas amistades cinegéticas.
“Amigos cazadores con arma, perro y bota; amigos de corazón y buena lengua que todavía van a la pieza noblemente…”
Esta es una frase extraída libremente del prólogo de “Diario de un cazador”, la obra que inspira la segunda Ruta de Delibes por la provincia de Valladolid.
Aquí, la ciudad es una de las etapas, además de punto de partida, porque también en la capital supo ver Delibes naturaleza y espacios abiertos.
De los tejados y cielos urbanos de Valladolid a los valles del Duero y el Esgueva: en el Duero de Quintanilla se bañaba el niño Delibes y el río ofrece al viajero de hoy una senda sombreada por fresnos y chopos, junto al nacimiento del Canal del Duero. El excursionista puede seguir al Padre Duero junto al piar de los abejarucos, la llamada de las águilas perdiceras y el reclamo del ruiseñor.
De Quintanilla saltamos a las laderas inclinadas de La Sinova, la finca de cereal que tanto gustaba a Delibes. Este paisaje lo hemos disfrutado en la primera ruta, acercándonos a Villafuerte. Hoy nos quedamos en Villavaquerín, subiendo a su iglesia para otear el horizonte o descansando en la diminuta y coqueta plaza del Ayuntamiento.
El viaje nos lleva al norte, a La Mudarra, donde la vieja llanura castellana y las fachadas de piedra del caserío contrastan con las torres metálicas de la subestación eléctrica al este y las turbinas eólicas al oeste, camino de los Montes Torozos.
De nuevo en ruta, hacia el sur, buscamos otra vez el río: en San Miguel del Pino, para disfrutarlo en los puestos de pesca o en la ribera fresca bajo el pinar, huyendo de la calorina del verano. En la otra orilla, junto a la Villanueva que conocimos en la primera ruta, las ruinas de Aniago nos hacen reflexionar sobre el pasado, el presente y el porvenir. En el aire, azulones cruzan el río y en el agua, algún zampullín y cormoranes se sumergen en busca de peces.
Esta segunda Ruta de Delibes – tras las huellas de su personaje Lorenzo – nos brinda una nueva excusa para conocer la provincia de Valladolid y su patrimonio natural. En las páginas más extensas que ofrece la Diputación nos sobrevuelan el cuco, la perdiz roja – alma cinegética de Delibes -, la tórtola, la codorniz y el gorrioncillo, el gurriato del Campo Grande, amén del pato azulón que hemos dejado volando sobre el Duero.
Caminaremos por pueblos pequeños y grandes entre espliegos, margaritas, escobas, jaras, el boj urbano de Valladolid y el pino, el pino piñonero o el negral, que acompañan nuestros paseos por la provincia.